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Intereses geopolíticos y financieros detrás del conflicto Irán-EEUU

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Intereses geopolíticos y financieros detrás del conflicto Irán-EEUU

Sergio Álvaro Matías. Julio 25, 2019.

Introducción.

El presente artículo busca demostrar que la más reciente escalada de tensiones en la región de Oriente Medio impulsada directamente por los Estados Unidos de América (EEUU), se debe principalmente a un esfuerzo por seguir incentivando el crecimiento económico estadounidense y en especial el de su industria de petróleo de esquisto, cuya extracción por el método del fracking aumentó su producción a partir del año 2000 hasta convertirlo hoy en el mayor productor de petróleo del mundo.

Cabe mencionarse que, aunado a la presión sistemática ejercida por EEUU sobre el “precio geopolítico” del petróleo (Jalife, 2006, p. 179-231), el sostenimiento del crecimiento y estabilidad de la economía norteamericana está también siendo apoyado por unos tipos de interés estables por parte de la FED a manera de “paliativo” para mantener el consumo interno, ante la posibilidad de entrar en una recesión económica agudizada por una crisis de deuda que anuncian algunos indicadores macroeconómicos y financieros (ver más en: http://bit.do/e2WHm), lo que aunado a una política de Donald Trump de recorte fiscal para las empresas y a un mayor gasto militar (SIPRI, 2019, p. 6) empujan a EEUU a tomar medidas en el frente de Oriente Medio para no colapsar.

Adicionalmente se mostrará que, con su accionar en Oriente Medio, EEUU logra también afectar de manera tangencial a su principal rival económico –China- en el plano de la guerra comercial (ver más en http://bit.do/e2WHG) ya que, con una cotización al alza de los precios del petróleo y unos tipos de interés bajos por parte de la FED, EEUU consigue presionar a la baja la cotización del dólar con respecto al yuan, afectando la competitividad de la moneda china y por ende la de sus exportaciones; competitividad que se ve agravada per se por el incremento en el precio del crudo, pues la industria china depende de las importaciones de dicho hidrocuarburo, puesto que el gigante asiático es el segundo mayor importador mundial de petróleo.

Pero, ¿por qué EEUU ha elegido a Irán como su principal rival en Oriente Medio y qué otros objetivos detrás del conflicto nuclear iraní, además de incidir sobre el precio del petróleo, animan a EEUU a involucrarse de manera férrea en una región tan alejada del territorio norteamericano?

Para entender un poco más la crisis actual entre EEUU e Irán sobre la que están puestos los ojos del mundo y las preocupaciones de la comunidad internacional, por los alcances que puede tener una confrontación militar directa, el presente artículo comienza por explicar la importancia estratégica que posee Oriente Medio en general e Irán en particular en el mundo y en los proyectos hegemónicos de las potencias mundiales (EEUU, Rusia y China) en el actual contexto multipolar de las relaciones internacionales.

Para finalmente comprender la imperiosa necesidad de los EUU de intervenir en Oriente Medio y especialmente contra el actual régimen iraní. Y comprender también el sistema de alianzas y la balanza de poder regional y sus implicaciones internacionales.

Palabras clave: Geoestrategia, Finanzas, Petróleo.

Desarrollo.

¿Qué importancia geoestratégica posee la región de Oriente Medio en el mundo?

Existen diferentes definiciones –occidentales- de Oriente Medio, dependiendo del punto de vista político, económico o militar; pero, geográficamente, se puede afirmar que el núcleo del Oriente Medio es definido por Turquía, Irán, Israel, Egipto y los Estados Árabes. No obstante, existe un concepto geopolítico con mayores implicaciones, el Gran Oriente Medio, conformado por el Oriente Medio más los Balcanes, los Estados musulmanes de Asia Central así como el Norte y Noroeste de África (Ozkan, 2011, p. 104).

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Fuente: Wikipedia

Los recursos naturales como el gas y el petróleo, las rutas comerciales, la ubicación geográfica, la demografía, lo étnico-cultural, histórico y lingüístico, su estatus como fuente y lugar de encuentro de las grandes religiones monoteístas del planeta (judaísmo, cristianismo e islamismo), así como la ideología panislamista, contribuyen a la importancia estratégica de Oriente Medio en el mundo.

La definición de Oriente Medio también hace referencia a la ubicación geoestratégica que posee esta región en el centro de tres continentes: Europa, Asia y África. Su vocación como eje tri-continental le adjudica su dominio sobre el Norte y el litoral mediterráneo oriental. En términos geopolíticos, geoeconómicos y financieros, su importancia estratégica –desde el punto de vista occidental- reside en lo siguiente:

Geoestratégicamente, en la región se ubican cuatro de las siete vías del comercio marítimo petrolero del mundo: el estrecho(s) de Turquía, el Canal del Suez (que además posee una importancia estratégica militar, por ser una ruta de entrada y salida de buques de guerra desde el Mediterráneo hacia el Océano Índico y viceversa), el estrecho de Bab-el-Mandeb y el estrecho de Ormuz. Éste último posee una importancia de grandes alcances puesto que conecta al Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y es la única vía de salida para todos los envíos de crudo de los Estados petroleros de la región al resto del mundo, pues no existe una ruta marítima alternativa para salir del también llamado Golfo Arábigo.

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Fuente: RT

Desde esta región son enviadas alrededor del 40% de las exportaciones mundiales de crudo (Zaragoza, 2016, p. 856); por tanto, quien controle esta región controla en buena medida la economía mundial basada en el consumo de hidrocarburos, impactando directamente a los principales importadores del mundo: EEUU, pero sobre todo a Europa Occidental y a los países industriales del este de Asia, que son mayormente dependientes de los hidrocarburos de esta región, como es el caso de China.

Así que, quien logre controlar esta zona y por ende sus recursos energéticos, controlará o asegurará el crecimiento económico de las potencias occidentales y pro-occidentales, o podrá también ejercer gran poder económico sobre ellas; es por ello que, Oriente Medio es una zona de pugna entre las grandes potencias, que han buscado y siguen buscando su dominación, ya que desde aquí pueden controlar a sus rivales potenciales, desde varios ámbitos, pero primordialmente desde el ámbito económico.

Geoeconómicamente, la región de Oriente Medio (Arabia Saudita, Irán, Iraq, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Qatar; miembros de la OPEC, siglas en inglés) en términos de recursos naturales, representa la mayor reserva de petróleo crudo en el mundo, contando con el 65.4% de las reservas mundiales probadas (OPEC, 2017); lo cual representa un enorme potencial económico, ya que sólo proveen 31.77 millones de barriles diarios al consumo mundial, mientras que países no miembros de la OPEC producen 75.7 millones de barriles diarios (OPEC, 2018, p. 7) contando con tan sólo el 18.11% de las reservas mundiales probadas (OPEC, 2017).

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Fuente: El Orden Mundial

Geopolíticamente, Oriente Medio, fue definido en 1902 por Alfred T. Mahan; y estratégicamente, representa lo que Nicholas Spykman definió como el rimland hacia Eurasia, que de manera sistemática ha sido operado por las potencias occidentales como contención al avance de Rusia y China sobre lo que Harfold J. Mackinder definió como el corazón de la tierra o heartland; refiriéndose a la región de Asia Central, que después de su conquista por parte de Rusia, ha sido desincorporada de la concepción histórico-religiosa del Oriente Medio musulmán (Ozkan, 2011); pero que, geopolíticamente, ha sido incluída en el concepto de Gran Oriente Medio.

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Fuente: Planobrazil

El axioma de la teoría de Mackinder es que «quien domine Europa del este comandará el corazón de la tierra, quien domine el corazón de la tierra comandará la isla mundial, quien domine la isla mundial controlará el mundo.

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Fuente: El Orden Mundial

Por tanto, la ubicación geoestratégica de Oriente Medio, resulta relevante para la geopolítica mundial, más aun en el contexto actual multipolar, debido al avance de Rusia y China sobre la región, no sólo de Oriente Medio, sino sobre Asia Central y sobre prácticamente todo el continente africano. Mientras que Rusia avanza sobre las antiguas Repúblicas Soviéticas de Asia Central manteniendo o recuperando su área de influencia; China, avanza con lazos comerciales e IED sobre el continente africano, sobre Asia Central y Europa con su proyecto geoeconómico y geofinanciero One Belt One Route (OBOR).

Las implicaciones geopolíticas del proyecto chino de la Nueva Ruta de la Seda, bajo el paraguas nuclear ruso, es que ambas potencias revisionistas lideran la instauración de un Nuevo Orden Mundial Multipolar, y están desplegando sus capacidades materiales (hard power) y no materiales (soft power) sobre el rimland impuesto por occidente, con la finalidad de disuadir su presencia e influencia en la región y disolver esa contención a manera de insularidad impuesta por la talasocracia norteamericana al avance del poder de la tierra (Rusia y China) sobre la política y economía internacionales (Dugin, 2011).

¿Qué importancia geoestratégica posee Irán en la región de Oriente Medio?

En términos geopolíticos, la balanza de poder regional de Oriente Medio se mantiene estable por el equilibrio entre los tres triángulos definidos por Davutoglu. El “triángulo exterior” conformado por Egipto-Turquía-Irán; el “triángulo interno” compuesto por Siria-Irak-Arabia Saudita; y el “triángulo dependiente” por Jordania-Líbano-Palestina. Davutoglu establece el axioma: “mientras el triángulo exterior esté en equilibrio, la política de Oriente Medio estará en equilibrio” (Ozkan, 2011).

El axioma anterior se entiende bajo la premisa de que mientras los Estados del “triángulo exterior” se mantengan unidos, la influencia de las potencias extranjeras en los asuntos de Oriente Medio será limitada. Por lo tanto, estratégicamente, uno de los tres Estados del “triángulo exterior” debe mantenerse alienado para evitar que la región caiga en la esfera de influencia de alguna potencia extranjera que comprometa la seguridad de todo el sistema regional. Mientras los otros dos Estados deben ser siempre compatibles. Debe señalarse también que, los tres triángulos no siempre han estado en equilibrio.

Después de la Revolución de 1979, Irán es el país que se ha mantenido alienado dentro del “triángulo exterior” manteniendo el equilibrio de poder regional (Ozkan, 2011, p. 106). Así, Irán se ha convertido en el nuevo pilar del Oriente Medio, por tanto, la ecuación geopolítica regional no se puede entender sin incorporar esta variable en la correlación de fuerzas en lo que se denomina la pequeña geopolítica de Oriente Medio (Zéraoui, 2009, p. 75).

A lo anterior se debe agregar que, Irán es una potencia regional-global en términos de la realpolitik (Rieffer-Flanagan, 2009), ya que su proyecto-nación de potencia regional nuclear en Oriente Medio lo convierte en una pieza clave del tablero de la gran geopolítica, es decir, de la geopolítica mundial, pues su ubicación e importancia estratégicas en Oriente Medio lo posicionan como el principal contrapeso a los países nucleares: Pakistán, Israel y la India, aliados todos de los intereses geoeconómicos y geopolíticos de EEUU en la región frente al avance sino-ruso.

La importancia estratégica del poder nuclear iraní también reside en que se alza como la principal contención a la presencia militar norteamericana en Oriente Medio, pero sobre todo, Irán por todas sus cualidades estratégicas, se posiciona como el aliado clave regional de Rusia y China en el contexto actual de la geopolítica multipolar vis-á-vis de EEUU.

Tomando en cuenta que Israel, Pakistán, la India poseen armas nucleares y que las petro-monarquías árabes del Golfo, miembros del Consejo para la Cooperación de los Estados Árabes del Golfo (CCEAG), liderados por Arabia Saudita, han lanzado en 2007 su proyecto de la “bomba atómica árabe” para hacer frente al proyecto regional de Irán (Zéraoui, 2011, p. 21), el poder nuclear iraní resulta imprescindiblemente estratégico, sobre todo debido a la alianza que todos ellos -rivales regionales de la República Islámica- mantienen con EEUU.

Esa importancia o cualidades estratégicas de Irán, residen en su ubicación privilegiada, dada por su colindancia con Asia Central, con Turquía, Afganistán, Pakistán, Irak y su continuidad con Rusia a través del Mar Caspio, así como su jurisdicción sobre el Golfo Pérsico y el Estrecho de Ormuz.

Pero además, se suman a esas cualidades su identidad nacional persa-islámico-shiíta y una política exterior de tres niveles: el persa, el islámico y el fundamentalista, a los que se puede agregar uno cuarto: el anti-occidental y marcadamente anti-estadounidense, lo que le ha permitido cohesionar al mundo islámico (shiítas y sunitas) y por consecuencia también a diferentes grupos étnicos en el panislamismo radical.

Lo anterior, le permite a Irán extender su zona de influencia a países como Azerbaiyán, Turkmenistán, Afganistán, Qatar, Bahréin, Kuwait, Irak, Yemen, Líbano, Siria, Palestina, incluso hasta Egipto y Arabia Saudita, especialmente sobre las minorías shiítas de esos países que Irán podría movilizar en una forma de “Shiistán” (Zéraoui, 2011, p. 15-19), lo que, por ejemplo, pone en riego la seguridad de los campos petroleros de Arabia Saudita, puesto que los principales yacimientos de hidrocarburos saudíes se encuentran en zonas de población shií.

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Fuente: El Orden Mundial 

Además, esa política exterior en su fase inclusiva, le permite a Irán poseer influencia sobre el nacionalismo árabe sunita y lo manifiesta en su apoyo a grupos de poder como Hamas. Esa influencia es desplegada en las dinámicas de poder inter-étnico, religioso, ideológico y cultural de la micro-geopolítica de Oriente Medio (Zéraoui, 2011, p. 75).

En términos de recursos naturales, Irán es la segunda mayor reserva mundial de petróleo en la región de los países miembros de la OPEC, después de Arabia Saudita, con el 12.8% del total de las reservas mundiales probadas (OPEC, 2017), cuatro veces mayor que las reservas probadas de EEUU (EIA, 2017).

Pero quizá, lo más destacable de Irán es su independencia económica y absoluta autonomía política de los EEUU; lo cual, siendo la puerta de entrada y pieza clave para el dominio del Oriente Medio -dada su importancia y ubicación estratégicas- con implicaciones más extensas con vistas al proyecto estadounidense-israelí que se ha denominado “El Nuevo Oriente Medio” (Nazemroaya, 2019), convierten a Irán en una de las mayores “obsesiones estratégicas” de EEUU.

¿Qué importancia geoestratégica posee Irán y Oriente Medio en la política exterior de EEUU?

Por lo anterior, Irán está en el centro de atención de la política exterior norteamericana, ya que debido a los intereses históricos norteamericanos en la región (ver más en: Marina Ottaway, 2015), EEUU sueña con hacer de Irán un cliente alineado de sus intereses nacionales y de su política exterior, con lo que podría reconfigurar el sistema de alianzas y la balanza de poder en Oriente Medio a su favor y con ello, garantizar su seguridad y por ende su hegemonía; lo cual ha sido imposible dada la independencia y autonomía que ostenta Irán gracias –entre otras cosas- a sus capacidades científicas y tecnológicas, sobre todo nucleares y al fortalecimiento del eje económico-militar China-Irán-Rusia.

Así, para la política exterior de EEUU, Irán es un “eje central geopolítico” (Zéraoui, 2011, p. 12) ya que considera que es un país cuyo destino tiene gran influencia en la política estratégica global. En lo que se refiere a la geopolítica petrolera, cabe mencionar que, aunque EEUU no depende del petróleo iraní, un poco más del 22% del petróleo crudo que importa proviene del Golfo Pérsico (OEC, 2017).

Por lo que, como se ha mencionado anteriormente, EEUU necesita mantener control sobre la región para garantizar el suministro y el transporte de crudo por el Estrecho de Ormuz bajo el control actual e influencia de Irán, no sólo para auto-asegurarse el abasto, sino el de todo el mundo (sobre todo el de las economías de Europa Occidental) y controlar los flujos de petróleo de sus competidores mundiales como China, quien obtiene del Oriente Medio y Asia Central el 48% del petróleo crudo que importa (OEC, 2017). Con ello también, EEUU logra garantizar la sostenibilidad y seguridad del sistema económico internacional actual instaurado por él.

Por lo anterior, EEUU mantiene presencia y bases militares alrededor de Irán, así como las ocupaciones de Irak y Afganistán, su alianza con Israel y con las petro-monarquías árabes del CCEAG, especialmente con Arabia Saudita. Adicionalmente, se puede mencionar la ocupación y presencia norteamericana en Siria, que también tiene implicaciones estratégicas para Irán.

Por una parte, la ocupación estadounidense en Irak, le permite a EEUU asegurar bajo su dominio la tercera reserva mundial de países miembros de la OPEC más grande de petróleo crudo ubicada en Oriente Medio (OPEC, 2017) y la quinta más grande en el ranking mundial (The CIA World Factbook, 2018). Y por otra, la ocupación de Afganistán, estaba dirigida para hacerse del control de lo que se especulaba era la región más prometedora en cuanto a reservas de hidrocarburos inexploradas: Asia Central y el Cáucaso.

Sin embargo, no resulto serlo, por lo que se puede considerar la ocupación de Afganistán un error táctico o un mal cálculo estratégico de los EEUU, toda vez que, además de no proporcionar los resultados esperados en términos de riqueza petrolífera, fortaleció el posicionamiento de Irán como potencia regional.

De hecho, la invasión a Irak aunque le proporcionó a EEUU el control de una importante reserva de crudo, también terminó fortaleciendo geopolíticamente a Irán en la zona, pues la ocupación norteamericana derrotó a sus principales rivales los talibanes y derrocó al régimen enemigo de Saddam Hussein.

Entonces, ¿Cómo se puede interpretar la crisis actual Irán-EEUU y el accionar de Donald Trump en la región?

EEUU es el primer productor mundial de petróleo de esquisto o no convencional (oil shale, en inglés) gracias a su industria del fracking, con lo que ha recuperado la autosuficiencia energética e incluso se está convirtiendo en un importante exportador, pero al mismo tiempo, es también el importador de petróleo más grande del mundo (IEA, 2018, p. 3 y 7). Además de lo anterior, hay que tener presente que el punto débil de la industria petrolera estadounidense reside en el precio de producción del barril de petróleo de esquisto, que es de aproximadamente USD$60.00 (Ramonet, 2015).

El año pasado, el precio del barril de petróleo comenzó a caer estrepitosamente desde el nivel de los USD$76.00 alcanzado a principios de octubre de 2018 hasta los USD$42.00 alcanzado el 24 de diciembre del mismo año, presionado a la baja por Arabia Saudita hasta ese nivel en el que el esquisto ya no resulta rentable (Ramonet, 2015) y con la posibilidad de seguir cayendo debido a la sobreproducción por parte de la petro-monarquía saudí, por lo que el Presidente de los EEUU comenzó su estrategia de contraofensiva en Oriente Medio.

La sobreproducción por parte de Arabia Saudita debe ser interpretada como una reacción de protesta y una estrategia de presión para evitar que EEUU se retire militarmente de Oriente Medio, después de que el gobierno estadounidense anunciara esta decisión el 19 de diciembre de 2018 comenzando con el repliegue en Siria y posteriormente en Irak y Afganistán (Aguirre, 2019); pues con ello, Irán -principal rival regional de Arabia Saudita- se fortalece, lo cual representa, en el contexto actual de competencia regional, una amenaza para la seguridad de la producción petrolera saudí, vital para el país, pues depende de la producción y exportaciones de este hidrocarburo.

Hay que recordar que los campos petrolíferos saudíes están ubicados en zonas predominantemente shiíes que Irán podría movilizar para controlar la región petrolera de Arabia Saudita, el origen más importante de las importaciones de crudo de EEUU en Oriente Medio, ya que éste obtiene del país saudí el 13% del total de sus importaciones de petróleo crudo (OEC, 2017). Con lo cual, Irán estaría ganando en dos frentes, primero en la arena regional sobre su principal rival: Arabia Saudita; y en el plano mundial, sobre EEUU, manteniendo control sobre su suministro petrolero no sólo de origen saudita sino del que obtiene de toda la región.

Ya que, con ese fortalecimiento, Irán también estaría en posibilidades de controlar el tráfico marítimo petrolero desde el Golfo Pérsico, cortando el suministro al resto de los mercados occidentales y de manera incisiva el suministro a los EEUU, puesto que, en su conjunto toda la región representa el 24% de las importaciones totales de crudo que EEUU obtiene de fuentes extranjeras (OEC, 2017).

Cabe señalarse que, la estrategia de Arabia Saudita resultó efectiva al presionar el precio del barril de petróleo hasta el orden de los USD$42.00 puesto que, la industria extractiva de esquisto por medio del fracking deja de ser rentable a un nivel de USD$40.00 por barril. Pero no sólo eso, las implicaciones son aun mayores y lo que está en juego es nada más y nada menos que el sistema bancario norteamericano, que ha otorgado abundantes créditos a esos productores (Ramonet, 2015). Con ello y contando con las denuncias de Israel de la carrera armamentística y nuclear de Irán en la región, EEUU refuerza su presencia en la zona.

Así, el Presidente de los EEUU Donald Trump, frente a la posibilidad de que una de sus principales industrias productivas quiebre –puesto que la industria petrolera representa alrededor del 7.6% del PIB estadounidense (TB&P, 2017)- conllevando la pérdida de miles de empleos y una espiral de eslabonamientos negativos para una economía dependiente del petróleo y altamente endeudada, actúa tácticamente en este frente.

El presidente norteamericano comenzó a lanzar una serie de discursos sobre la cuestión nuclear iraní y el restablecimiento de sanciones al régimen de los Ayatolá, además de ejecutar una serie de acciones militares intimidadoras en el Golfo de Omán, en los límites del Estrecho de Ormuz, logrando con ello, una recuperación del precio del barril que se prolongó hasta el 23 de Abril de 2019, venciendo momentáneamente a Arabia Saudita y su sobreproducción hidrocarburífera de manera indirecta.

EEUU no puede encarar abiertamente a Arabia Saudita dada su alianza político-militar y su dependencia energética con el país árabe, además de que es su principal aliado contra Irán en el proyecto de reconfiguración del Oriente Medio en lo que se ha denominado el Nuevo Oriente Medio.

Esa recuperación de la cotización del crudo llegó al nivel de los USD$66.00 presionado al alza por la expectativa de los mercados de una posible escasez por la posibilidad de que las tensiones en la región desembocaran en una confrontación de mayores amplitudes (ver consecuencias de una guerra EEUU-Irán en el mercado de petróleo en: McDermid, 2019).

Sin embargo, la cotización del West Texas Intermediate (WTI) continuó con un retroceso bajista que volvió a presionar el precio a niveles inferiores, ante lo que EEUU reaccionó con su salida oficial del Acuerdo Iraní el 8 de mayo de 2019, lo cual fue agravado por el ataque registrado a cuatro buques petroleros el 12 de mayo frente a las costas de Fujaira, Emiratos Árabes Unidos (El país, Junio 13, 2019), lo cual impulsó al alza el precio del barril nuevamente, pero esta vez de manera marginal hasta el nivel de los USD$63.00

Por lo que, EEUU ha continuado desde entonces de manera intensiva y sistemática con la agitación de la zona generando turbulencia política y un sentimiento de mercado que responde con mayor demanda ante la posibilidad de que las tensiones estallen en una confrontación directa, logrando con ello empujar el precio al alza y así defender la cotización del crudo en niveles favorables para su industria de esquisto, aunque no con tanto éxito.

Pues la cotización del WTI (precio de referencia estadounidense para diferentes corrientes de crudo) se ha situado, desde aquellas fechas en que iniciaron las tensiones, en el rango de los USD$50.00 a los USD$67.00 sin lograr que llegue al nivel de los USD$100.00 mantenidos entre finales de 2010 y 2014, que favoreció el auge de la industria de hidrocarburos de esquisto por medio del fracking en los EEUU, aumentando su producción hasta ser el primer productor mundial y con ello recuperar su autosuficiencia energética y disminuyendo considerablemente su dependencia con Oriente Medio. Además de que en ese precio, la industria del fracking norteamericana es sostenible y con ello su seguridad energética (McDermid, 2019).

 El 13 de Junio el ataque a dos buques petroleros en el Golfo de Omán presuntamente perpetrados por Irán ocasionó otra escalada de tensiones con el envío de un destructor estadounidense al lugar de los hechos (RT, Junio 13, 2019) que si bien presionó el precio del petróleo al alza, también provocó costos y desabasto a Taiwán, Japón y Singapur, lo cual ha sido interpretado como un mensaje de advertencia de la capacidad de bloqueo que posee Irán sobre los límites del Estrecho de Ormuz, aunque las declaraciones oficiales del gobierno iraní han negado ser responsables del ataque.

Las tenciones continuaron y se recrudecieron el 20 de Junio cuando Irán derribó un dron estadounidense no tripulado que, de acuerdo con declaraciones de Irán, invadió espacio aéreo iraní, lo que fue considerado una provocación por parte de EEUU. La noticia provocó que una vez más el precio del barril de crudo experimentara una sesión positiva que prolongó el movimiento alcista del precio del crudo hasta el nivel entorno a los USD$61.00

Los sucesos acontecidos en recientes días, muestran el grado de manipulación de los mercados principalmente por parte de EEUU. Aunque debe señalarse que, siendo uno de los principales productores y exportadores de crudo a nivel mundial, Irán podría verse beneficiado del incremento en los precios. Aunque las implicaciones del embargo comercial (petrolero) y las sanciones recibidas en represalia a su desarrollo nuclear son un asunto serio y que parecen comprometer la sostenibilidad económica iraní. En todo caso, quienes se están beneficiando de la subida en los precios de los hidrocarburos son los miembros del CCEAG, especialmente Arabia Saudita, principal rival de Irán.

De acuerdo con versiones oficiales de la Casa Blanca, Irán tendrá pérdidas por más de USD$10 mil millones por ingresos petroleros debido al embargo económico impuesto por EEUU (Sputnik news, Abril 22, 2019) que, de acuerdo con opiniones expertas en el tema, persigue como objetivo final, cambiar el régimen en Irán por uno democrático pro-occidental (Sputnik news, Junio 11, 2018), al mismo tiempo que presionar el precio del crudo hasta el nivel de los USD$100.00 (McDermid, 2019).

El grado de manipulación del mercado petrolero por parte de EEUU se evidenció el pasado 18 de Julio cuando se registró nuevamente un ataque aéreo a un dron no tripulado, pero esta vez el autor del ataque fue EEUU, quien supuestamente había derribado un dron iraní en el Estrecho de Ormuz. Sin embargo, al día siguiente Irán declaró que todos sus drones regresaron a sus bases y que EEUU había derribado por error uno de sus propios drones, mostrando evidencias de ello ante los medios de comunicación. Mientras tanto el precio del petróleo iniciaba otra recuperación alcista desde el nivel entorno a los USD$55.00

El mismo 19 de Julio, Irán incautó un buque petrolero británico en el Estrecho de Ormuz, lo que dio continuidad al movimiento alcista del precio en el WTI y que sigue siendo impulsado por los eventos posteriores, como la incautación de un segundo buque petrolero de pabellón británico el mismo 19 de Julio, el inicio de la operación centinela anunciada el 20 de Julio y la controvertida noticia del 22 de Julio de la captura y condena a muerte de 17 presuntos agentes espías de la CIA por el régimen iraní, que avivan las tensiones y que siguen generando expectativas de escasez en los mercados y con ello un incremento en los precios.

Las ofensivas y contraofensivas continúan en esta zona y a juzgar por el comportamiento que ha experimentado el “precio geopolítico” del WTI en medio de las tensiones iraní-norteamericanas, se espera que la agitación militar continúe en el corto plazo o hasta que el precio del crudo alcance el nivel objetivo favorable para la industria de hidrocarburos no convencionales de EEUU, entorno a los USD$100.00 o al menos mientras se mantenga en el rango de los USD$60.00 a los USD$70.00

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Conclusiones.

La estrategia norteamericana de desestabilización del Oriente Medio, que puede finalizar con el bloqueo del Estrecho de Ormuz, ha funcionado para los dos principales objetivos estadounidenses en la región: debilitar al régimen iraní con el embargo y sanciones impuestas en contra de su programa nuclear y por ende su debilitamiento como potencia regional; y segundo, mantener a flote la industria de esquistoy junto con ella al sistema bancario estadounidense, que ya de por sí enfrenta presiones ante la probabilidad de una próxima recesión económica en los EEUU debido al alto nivel de endeudamiento, aunque actualmente los indicadores de la economía estadunidense sean positivos.

Así, aunque ciertas acciones del presidente Donald Trump parezcan fuera de lógica estratégica en materia geopolítica, lo cierto es que sus acciones como la retirada de tropas de Siria, Irak y Afganistán refuerzan la posición de EEUU en Oriente Medio no por la vía militar directa, sino de manera indirecta, por una parte, fortaleciendo a los enemigos tradicionales de Irán, a través del resurgimiento de las rivalidades étnico-religiosas que consigue exacerbar con su retiro de la zona.

Y por otra, por el beneficio económico que obtiene en medio del caos con la subida en los precios del crudo y su venta de armas; ya que, además de ser el primer productor mundial de petróleo, es también el mayor exportador de armamento en el mundo (SIPRI, 2019, p. 9); y es precisamente el Oriente Medio, la región en la que vende el 71% de sus exportaciones totales de armamento militar (OEC, 2017)

Cabe mencionarse que, Arabia Saudita es quien lidera hasta la fecha el gasto militar mundial con 8.8% de su PIB y fue el mayor importador de armas debido a la lucha que mantiene con Irán por el liderazgo regional (SIPRI, 2019, p. 1 y 7).

La retirada de efectivos militares de Oriente Medio, se debe a una cuestionable posición norteamericana fundada en su actual autosuficiencia energética, la cual está cambiando los parámetros de la geopolítica mundial en general y los de la geopolítica petrolera en particular, con efectos importantes sobre la histórica dependencia energética de EEUU con Oriente Medio, lo que está ampliando el margen de maniobra estratégica norteamericana en la región buscando objetivos de antaño como la reconfiguración del Oriente Medio en el denominado “Nuevo Oriente Medio” (Nazemroaya, 2019), pero también el posible traslado de su capacidad militar hacia otros frentes como el Pacífico, en dónde su principal preocupación es China.

EEUU se está retirando paulatinamente de la zona pensando en que su autosuficiencia energética le permite bloquear la principal ruta petrolera marítima de Oriente Medio para asfixiar al régimen iraní que sostiene buena parte de su economía con sus exportaciones petroleras. Además de que con su retiro, EEUU espera revivir las antiguas rivalidades étnico-religiosas y desplegar así la estrategia de Michael Ledeen del “caos controlado” creando un Kurdistán entre Irak, Siria, Irán y Turquía que le permita materializar el proyecto de “Nuevo Oriente Medio,” reconfigurando el sistema de alianzas y la balanza de poder regional a favor de sus intereses estratégicos regionales y mundiales.

No obstante, cabe el riego de que su retiro de la región termine fortaleciendo a Irán, puesto que éste puede aprovechar el vacío de poder dejado por el mismo EEUU y movilizar a sus bases shiíes en una especie de Shiistán. Por lo que EEUU necesita retirarse de la zona asegurándose de que el régimen iraní no tenga posibilidades de elevarse como la potencia regional tras su salida, por lo que EEUU refuerza su repliegue de la zona con el embargo económico a Irán para debilitarlo hasta el punto en que sea tal la crisis interna del país que le sea posible derrocar al régimen islámico shií actual e imponer un régimen pro-occidental en el país persa.

Ante lo cual, Arabia Saudita ha reaccionado por el temor de un posible fortalecimiento de Irán que ponga en riego su seguridad. Por lo que inició no sólo una sobreproducción de hidrocarburos para detener el repliegue estadounidense de la zona, sino que además, realizó compras masivas de armamento en 2018 y ha iniciado también su proyecto de “bomba atómica árabe” con los demás países del CCEAG como contención al poder nuclear iraní.

EEUU le cobró a Arabia Saudita su ataque petrolero inmiscuyéndolo en la guerra contra Irán y en su proyecto de reconfiguración regional, frente a lo que Arabia Saudita no tiene opción, pues no alinearse con EEUU en esta campaña le implica una confrontación con Irán en la que quizá tenga menores posibilidades de salir ganador sin el apoyo norteamericano con el que cuenta hoy.

Se puede concluir entonces que, la verdadera importancia estratégica de Irán en la política exterior de EEUU además de geopolítica es financiera, debido a la manipulación de los precios del petróleo que puede ejercer mediante la desestabilización de toda la región de Oriente Medio. Y geopolítica, puesto que Irán es una pieza clave en el tablero por el control regional y en el tablero mundial como contención al poder continental de Rusia y China.

Externalidades estratégicas.

Con toda la turbulencia generada en esta región, EEUU también afecta de manera tangencial a China, puesto que, al lograr presionar el precio del petróleo al alza y al mantener unos tipos de interés bajos y estables (por parte de la FED) presiona la cotización del dólar a la baja en relación al yuan, afectando la competitividad de la moneda china y la de sus exportaciones; competitividad que con la sola subida en los precios del petróleo se ve afectada, puesto que la industria china depende del petróleo, siendo este país el segundo mayor importador mundial del hidrocarburo.

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Por lo que, probablemente en el corto o mediano plazo y en la medida en que las acciones de EEUU agraven la competitividad del yuan, el mercado del oro experimentará movimientos alcistas, puesto que una de las opciones -por no decir la única- que tiene China para defender su moneda es la compra masiva de oro.

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